Historias

Un Pequeño Presente de Belleza

De un maestro en el Medio Oriente.

Mi vida es ocupada, y Dios es bueno. Las semanas pasan más veloces que lo usual. Los estudiantes están aprendiendo- incluyéndome. Sí, soy un estudiante otra vez, estudiando árabe tres días a la semana. A veces me parece demasiado trabajo, pero es alentador ser capaz de decir lo que quiero más claramente.

En mi camino de vuelta de las lecciones de árabe puedo ver mi ciudad desde la ventana de un taxi y contemplar las vías del tren. Nunca había visto un tren de esos. Una vez, hace cien años, esos rieles eran parte de las vías del Imperio Otomano. En otros países, las vías de tren están aún en uso y, dicen por ahí, que hasta puedes alquilar un tren. Más gente va hacia el norte, en automóvil. Estos días más gente está viajando hacia el sur. La frontera del norte del país está solo a diez millas de distancia y nuestro pequeño pueblo ha crecido. Buscamos dar la bienvenida y reaccionar bien a los recién llegados. Hay mucha confusión en las naciones a nuestro alrededor. Oramos porque la paz y la justicia prevalezcan.

La pequeña estación de tren roja está cerrada, pero las vías aún son útiles. Tres ancianos sentados en sus vías oxidadas cada tarde toman té y disfrutan el aire fresco, el tibio sol y sus apacibles charlas. Un poco más abajo, tres mujeres y un bebe están haciendo picnic. Un poco más cerca, un grupo de muchachos están pateando una pelota en medio del polvo. Las vías del tren sirven también para hacer más lento el tránsito en una intersección transitada. Algunas veces he visto cuatro carros cruzando la intersección en diferentes secciones al mismo tiempo, pero por los rieles, van más lento por lo que no hay muchos accidentes. Ocasionalmente, ¡dos conductores se detendrán a saludarse con un abrazo a través de las ventanas de los autos!

Un poco más arriba en el camino, estoy de vuelta en el hospital. Camino a través del polvoriento patio y veo una hermosa ave entre las palmas! Esta en particular tiene llamativas alas listadas blancas y negras y y cuello color canela- sin mencionar un llamativo penacho. Vive en el techo del hospital y la he visto varias veces. Un pequeño presente de belleza, del impresionante Dios quien “todo lo hizo hermoso en su tiempo”.
Espero que hoy tú también puedas ver las maravillas de Dios escondidas en lo cotidiano. Que puedas notarlas y disfrutarlas.

Me guía por sendas de justicia por amor de Su Nombre. Psalm 23:3

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